Caster Semenya y las falencias del sistema Antidopaje

Vale la pena empezar este escrito con un recuento histórico sencillo, para entender en qué momento y en dónde se inició uso de métodos para mejorar los resultados deportivos. La doctrina en general ha mencionado que el dopaje es tan antiguo casi como la humanidad, entendiendo que civilizaciones antiguas han usado sustancias incluso por diversión. Por ejemplo, los pueblos nórdicos usaban amanita muscaria para provocar embriaguez, así como los pueblos americanos usaron la hoja de coca[1].

Sin embargo, el uso de sustancias se convierte en un problema, cuando se evidencian los problemas en la salud de las personas que los usan. Sabemos en todo caso, que el uso de sustancias en general provoca riesgos para la salud. En materia deportiva, que es lo que nos interesa en este estudio, la primera vez que se habló de dopaje fue hacia 1889, específicamente en carreras de caballos, en las que se proporcionaban mezclas que incluían opio a los caballos para estimularlos. Ocurre entonces que ya no solo los caballos son dopados para contar con un mejor rendimiento, sino que los deportistas empiezan a consumir ellos mismos sustancias. La importancia a nivel mundial se le da, cuando mueren deportistas y la ética en el deporte se ve comprometida.

Vienen entonces los intentos de las organizaciones por definir lo que es el dopaje, encontrándonos con el primer problema actual del mismo: el Código Mundial Antidopaje cuenta con una definición tal vez no tan clara: “El dopaje se define como la comisión de una o varias infracciones de las normas antidopaje según lo dispuesto desde el artículo 2.1 al artículo 2.8 del Código[2]. ¿Cuáles son esas infracciones? En resumen: (1) presencia de sustancias prohibidas en la muestra de un deportista; (2) uso o intento de uso por parte de un deportista, de una sustancia o método prohibido; (3) la negativa a que se recojan muestras; (4) no presentar información sobre disponibilidad para controles fuera de competición; (5) falsificación o intento de falsificación de cualquier parte del procedimiento de control del dopaje; (6) posesión de sustancias y métodos prohibidos; (7) tráfico o intento de tráfico de sustancias o métodos prohibidos; (8) administración o intento de administración durante la competición a un deportista.

¿Cómo es entonces posible juzgar a un deportista por dopaje, si encontramos que las conductas infractoras conllevan una acción y no se refieren a los casos en los cuales no existen conductas activas? En materia penal, no podría iniciar un proceso por una conducta (por acción u omisión) que no se encuentra expresamente establecida como punible, así las sanciones fueren genéricas. Pero tampoco es fácil establecer una definición si la tecnología (y no solo la farmacéutica) avanza, mejora y por lo tanto puede dejar obsoleta la regulación que se expida al respecto.

De todas formas ya el tema genera al menos para un abogado, conflicto: es entendible que se busque mantener la ética en el deporte pero ¿no habría una vulneración a los principios generales del derecho – al menos en los sistemas Continental y de Common Law – al mantener un sistema que no cuenta con conductas punibles claras? ¿hasta qué punto pueden intervenir los estados y los organismos deportivos en la vida y la salud de los deportistas, con el fin de promover la ética y fair play en el deporte, sobre todo cuando el Código Mundial Antidopaje no contempla la producción natural en el cuerpo de sustancias?

Esta última pregunta es la que nos interesa en específico para casos como el de Caster Semenya, atleta Sudafricana, que tiene una condición médica denominada “hiperandrogenismo”. La Clínica de la Universidad de Navarra define esta condición como: “Cuadro clínico derivado de un aumento de la acción androgénica en la mujer. Puede deberse a una hiperproducción de los andrógenos, alteraciones en su transporte plasmático (reducción de la proteína transportadora de las hormonas sexuales) o por un aumento de la sensibilidad celular[3]. La Sociedad Española de Medicina define a su vez esta condición, así: “El hiperandrogenismo es una situación de producción y/o acción androgénica excesiva que se presenta en mujeres adolescentes y adultas en forma de hirsutismo, acné, alopecia androgénica e irregularidades menstruales, dando lugar a un síndrome de ovario poliquístico[4].

El problema con respecto a las condiciones médicas genéticas se genera cuando la Federación Internacional de Atletismo (IAAF por sus siglas en inglés) publica su regulación sobre elegibilidad de atletas para competiciones femeninas, entre lo que se encuentra la forma como se debe entender lo que es una mujer para efectos de competición deportiva[5]. Explica la IAAF en su página web que esta regulación aplica para las personas que son legalmente mujeres o intersexuales, que tengan cromosomas masculinos y no femeninos, que no tengan ovarios, que tengan testosterona en los rangos masculinos y la habilidad de usar esa testosterona y que circule en sus cuerpos. Ordena así mismo que para competiciones internacionales de atletismo entre los 400 metros y una milla, las atletas que tengan alguna alteración natural, deben bajar los niveles de testosterona por ellas producida. Incluso, la regulación establece qué medicamentos deben ser tomados por las atletas.

La justificación que la IAAF presenta para emitir una regulación de este talante, es justamente la protección de la integridad de la competición y el fair play, argumentando que el hiperandrogenismo produce una ventaja sobre las mujeres que no la padecen y por lo tanto compiten en condiciones hormonales inferiores (pero dentro del límite aceptado como normal). Pero ¿ingerir hormonas podría perjudicar la salud de la atleta? ¿es ético obligar (vía regulación) a una atleta a ingerir sustancias para detener una condición natural, en contra de su voluntad? ¿qué derechos humanos se ven vulnerados en este caso?

Es entonces incoherente que una de las federaciones internacionales conmine a sus atletas a ingerir sustancias para modificar su condición natural, en contra de su voluntad, amparándose en el principio de ética en el deporte y fair play si esta medicación puede perjudicar la salud de la atleta y además interfiere de forma arbitraria en su vida privada. La Asociación Médica Mundial[6] se ha referido ya en tres oportunidades este año al caso en mención, solicitando a los médicos de abstenerse de ejecutar las regulaciones de la IAAF y celebrando la medida tomada finalmente por el Tribunal Suizo en la cual suspendió la aplicación de las regulaciones. El primer pronunciamiento estableció, que implementar la regulación expedida por la IAAF va en contra de la ética medica teniendo en cuenta que la Asociación Médica Mundial “está en contra de cualquier práctica que requiera a los médicos a usar sus competencias y habilidades para cualquier otro propósito que el de proveer cuidado médico en interés del paciente y con respeto a su dignidad[7] y agregó: “Un tratamiento médico (con algunas excepciones legales que no aplican aquí) es justificado únicamente cuando existe una necesidad médica. La simple existencia de una condición de intersexo, sin que la persona indique sufrimiento y expresando el deseo por un tratamiento adecuado, no constituye una indicación médica[8]. Y recuerda que la decisión respecto el genero de una persona, no corresponde ni a los médicos ni a la sociedad.

¿Qué tiene que ver el sistema anti dopaje con el caso de Caster Semenya? Como lo mencioné antes, la falta de claridad de la definición, lleva de forma directa a que las organizaciones deportivas abusen de las facultades que se les ha dado para combatir el uso de sustancias o métodos que permitan obtener ventajas competitivas, y vulneren consecuentemente los derechos humanos de las personas que no se adecúen a lo que se establece como hombre o mujer “normal”. Está comprobado que Caster Semenya cuenta con una condición que en su cuerpo se presenta naturalmente, ¿Por qué se debe obligarla a tomar un tratamiento médico que no ha pedido? ¿Por qué se la obligaría a ingerir sustancias e incurrir en conductas activas como las descritas en las infracciones al Código Mundial Antidopaje?

Hilaré delgado, pero ¿qué pasaría si un hombre produce menos testosterona de la que normalmente debe producir? ¿Se le obligaría a consumir hormonas para mantener unos niveles normales que le permitan competir con otros hombres? Probablemente en un caso así, nadie se atrevería a expedir una regulación, amparándose en el fair play. De hecho, actualmente IAAF no cuenta con regulaciones similares para los hombres.

El TAS resolvió que si bien las regulaciones de la IAAF son discriminatorias, también son necesarias.

Aunque el Tribunal Federal Suizo había ordenado a la IAAF suspender la aplicación de la regulación, lo que permitía a la atleta a seguir compitiendo mientras se decidía la apelación, la semana pasada dicho Tribunal levantó dicha medida cautelar por lo que la atleta no podrá competir y defender su título en los 800 metros en el mundial de atletismo que se celebrará en Doha en septiembre.

En casos como este, podría incluso existir la posibilidad de acudir a la Corte Europea de Derechos humanos para que decida si existe o no una vulneración y de existir, si al ponderarla con las razones esgrimidas por la IAAF, son necesarias.

Por: Cristina Delgado (mcdelgado@gherasociados.com)

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Twitter: @gher_asociados

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Referencias:

[1] RAMOS GORDILLO, Antonio. “Lucha contra el dopaje como objetivo de salud”. EN: http://m.adicciones.es/index.php/adicciones/article/view/609

[2] Código Mundial Antidopaje, artículo 1.

[3] https://www.cun.es/diccionario-medico/terminos/hiperandrogenismo

[4] ADOLESCERE • Revista de Formación Continuada de la Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia • Volumen III • Mayo 2015 • Nº 2. EN: https://www.adolescenciasema.org/wp-content/uploads/2015/07/androgenismocorrecto.pdf

[5] El nombre de la regulación de la IAAF en inglés es: “Eligibility Regulations for the Female Classification [Athletes with Differences of Sex Development]”. La traducción es libre.

[6] https://www.wma.net/news-post/physician-leaders-reaffirm-opposition-to-iaaf-rules/

[7] World Medical Association “In a letter to the International Association of Athletic Federations, the WMA says ‘we stand firm against any practice requiring physicians to use their competence and skills for any other purpose than providing medical care in the best interest of their patients and in respect of their dignity’.https://www.wma.net/news-post/physician-leaders-reaffirm-opposition-to-iaaf-rules/

[8] They write: ‘A medical treatment (with a few legal exceptions, which do not apply here) is only justified when there is a medical need. The mere existence of an intersex condition, without the person indicating suffering and expressing the desire for an adequate treatment, does not constitute a medical indication.

‘The days when doctors or society would determine which gender a person should have are definitely over. It is the ethical duty of physicians to respect the dignity and integrity of people, regardless of whether they are female, male, intersex or transgender. Medical treatment for the sole purpose of altering the performance in sport is not permissible’.

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